sábado, 27 de noviembre de 2010

¿Qué decir?

"Dame cinco razones".
Puede que cinco razones separen trayectorias antagónicas, cortando sin sutileza los delgados hilos que separen ambas. Digo "puede" porque no he tenido la fortuna o la desgracia de encontrarme frente a tal tesitura de forma personal, a pesar de que sí he experimentado el hecho de ser interpelado en busca de cinco motivos. Circunstancia extraña, una persona como yo nunca sabría qué decir. Tal vez fuese la persona que me pidió esos cinco argumentos, pero en ese momento me pareció extremadamente fácil encontrarlos y exponerlos, clara y concisamente, deseando convencer a mi interlocutor. Afortunadamente, parece que fue así. Afortunadamente.
Nunca fui un gran conocedor de la mente humana. Mi propia mente es un claro ejemplo de tal situación. Nunca entendí los motivos por los cuales ciertos pensamientos absurdos salen a relucir en medio de la tormenta de ideas que en ese momento, generalmente, se encuentra en calma. Grave impacto, como encontrar un rayo solitario, pero no la tormenta. De la misma forma, localizar el momento preciso en que encuentras un pensamiento absurdo solitario es fascinante, pero absolutamente incomprensible para alguien como yo.

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