Parece que fue ayer cuando estaba en mi infancia. Muchas experiencias han ocurrido en 20 años, muchas buenas, muchas malas, muchas más sin efecto. He visto el cambio de vivir en Benavente a vivir en León. He leído a bastantes autores, aprendido idiomas, algo de cultura básica, y algo más amplio de ciencias biológicas y ambientales. He pasado por rachas buenas y rachas malas, siendo lo suficientemente estúpido por hacer de virtudes otros defectos más a añadir en esa lista que todos tenemos ya de por sí bastante larga. He conocido mucha gente que me ha hecho daño, gente por la que daría todo y gente que me ha hecho daño pero por la que daría todo igualmente. He vivido momentos inolvidables rodeado por los míos, sufrido cuando tenía que sufrir y contenido mis lágrimas para hacerme más fuerte. He fallado muchas veces, tratando de aprender de los errores, pero siempre he luchado por lo que me ha importado. He explotado cuanto he podido mi ingenio y mi pluma tratando de mejorar como poeta. Me he quejado de muchas cosas que me faltaban, pero me he dado cuenta de que realmente me sobran muchas más de las que necesito.
Veinte años. A pesar de todo lo vivido, sigo siendo joven y con capacidad de mejorar como persona, como amigo, como cantante e incluso de mejorar mi sentido del humor. Va siendo hora de aprender a discernir entre lo importante y lo que no, entre quién o qué entra en mi vida y entre quién o qué sale de la misma. Mis objetivos son mejorar y mejorar, perfeccionar todas mis facetas en la vida y poder decir el año que viene que soy mejor que este año. Propósito de enmienda contra este tormento mental que me propongo cada día.
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