miércoles, 1 de diciembre de 2010

Del hombre y su ego

Es difícil, a veces, sentarse a escribir de forma tranquila y pausada si es algo que llevas haciendo durante un tiempo superior al acostumbrado. La mente se fatiga de tal esfuerzo, como alguien que lleva mucho tiempo sin hacer deporte y se levanta a la mañana siguiente con agujetas por todo el cuerpo. No obstante, forzarse a continuar con el ejercicio, de forma moderada, llega a resultar beneficioso por no cortar totalmente con la progresión.
De todas formas, hay cosas que no logro entender. La estupidez humana (de la cual yo soy el primero en demostrar con ejemplos prácticos) es un claro ejemplo de elementos ininteligibles para mi mente. Mentes bien formadas (o que, al menos, tuvieron la fortuna de encontrar una buena oportunidad para formarlas) deberían ser capaces de razonar, aun en el más puro estado de conducta emotiva. Este hecho refuerza la teoría de que el hombre no es tan distinto de los animales como algunos ciéntíficos (especialmente sociólogos y psicólogos) proponen.
No entiendo, tampoco, esa pretensión antropocéntrica que el Homo sapiens tiene del mundo. Llega a ser comprensible que lo primero que la sociedad desee conocer sea al propio individuo, pero el nivel de información (aún bastante escaso) que se posee en la actualidad plantea la existencia de un complejo de superioridad enorme y una egolatría aún mayor. Cierto es que el desarrollo intelectual ha permitido al hombre adquirir una capacidad nunca antes conocida de modificación de su hábitat, pero... es lo único que nos salva como especie. Comparativamente somos una de las especies más débiles de este planeta, careciendo de agilidad, velocidad o armas apropiadas para un superdepredador (en lo que nos hemos convertido). Fisiológicamente somos una aberración evolutiva, entre otros motivos porque somos la especie a la que mayor dificultades le plantea el parto, causando graves pérdidas durante el nacimiento. Sólo nos salva como especie el hecho de poseer una capacidad cerebral muy elevada y, francamente, en muchas personas esta es más que deficiente...
No somos superiores a ninguna otra forma de vida. Cada especie y, dentro de ella, cada organismo, desarrolla métodos de supervivencia extremadamente elegantes o prácticos. qué decir de la ferocidad y la fuerza viva que supone un tiburón, de la cantidad de huevos que llega a poner un insecto, de la paciencia de una araña esperando que su presa caiga entre sus quelíceros, de las más que increíbles formas miméticas de muchos animales, de los comportamientos de cortejo de muchas aves. Al fin y al cabo, todo organismo no es más que un taller donde moléculas de DNA (o en retrovirus de RNA) se almacenan, modifican si es necesario y se duplican.

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